Cada noche electoral se repite la misma escena: un partido saca muchos votos y pocos diputados, y otro con menos votos consigue más escaños. No es magia ni trampa, es el sistema electoral. Para entenderlo hay que mirar tres piezas: cómo se reparten los diputados entre provincias, la barrera del 3 % y la fórmula D’Hondt.
350 diputados repartidos en 52 circunscripciones
El Congreso tiene 350 diputados y no se eligen en una sola lista nacional, sino en 52 circunscripciones: las 50 provincias, Ceuta y Melilla. La ley electoral da a cada provincia un mínimo de dos diputados, uno a Ceuta y otro a Melilla, y reparte los 248 restantes según la población. Por eso Madrid elige 38 y Soria solo 2.
Para el 29 de noviembre, las circunscripciones que más diputados eligen son Madrid (38), Barcelona (32), Valencia (16), Alicante y Sevilla (12 cada una), Málaga (11) y Murcia (10). En el otro extremo, Soria elige 2, y Ávila, Cuenca, Guadalajara, Huesca, Palencia, Segovia, Teruel y Zamora eligen 3. Respecto a 2023, Madrid gana un escaño y Cádiz lo pierde, por los cambios de población.
La barrera del 3 %
Antes de repartir, se descartan las candidaturas que no llegan al 3 % de los votos válidos de esa circunscripción. Los votos válidos incluyen los votos a partidos y los votos en blanco, pero no los nulos. Es una barrera provincial, no nacional: un partido puede tener el 1 % en toda España y sacar diputados si concentra sus votos en una provincia.
Cómo funciona D’Hondt, paso a paso
El método, ideado por el jurista belga Victor D’Hondt, es sencillo: se dividen los votos de cada partido entre 1, 2, 3, 4… hasta el número de escaños en juego, y los escaños se asignan a los cocientes más altos, de mayor a menor.
Imagina una provincia inventada que elige 5 diputados. Votan así: Partido A, 34.000 votos; Partido B, 26.000; Partido C, 15.000; Partido D, 8.000; Partido E, 2.000; y 1.000 votos en blanco. Los votos válidos son 86.000, así que el 3 % son 2.580 votos: el Partido E se queda fuera antes de empezar.
| Partido | ÷ 1 | ÷ 2 | ÷ 3 | Escaños |
|---|---|---|---|---|
| A (34.000) | 34.000 | 17.000 | 11.333 | 2 |
| B (26.000) | 26.000 | 13.000 | 8.667 | 2 |
| C (15.000) | 15.000 | 7.500 | 5.000 | 1 |
| D (8.000) | 8.000 | 4.000 | 2.667 | 0 |
Los cinco cocientes más altos son 34.000 (A), 26.000 (B), 17.000 (A), 15.000 (C) y 13.000 (B). Resultado: A saca 2 diputados, B saca 2 y C saca 1. El Partido D, con casi el 9,3 % de los votos válidos, se queda sin nada aunque superó de sobra la barrera del 3 %. Si la provincia eligiera un sexto diputado, iría otra vez para A (11.333).
Por qué favorece a los partidos grandes
D’Hondt, por sí solo, ya premia un poco a los partidos más votados. Pero lo que más pesa es el tamaño de las circunscripciones. En Madrid, con 38 escaños, un partido mediano puede sacar varios diputados. En una provincia de 3, el tercer partido necesita mucho más que el 3 % para entrar, y en la práctica suelen repartirse los escaños entre los dos o tres primeros. Como hay muchas provincias pequeñas, el efecto se acumula a escala nacional.
Por eso se habla tanto del «voto útil»: en una provincia pequeña, votar a un partido con pocas opciones puede no traducirse en ningún escaño. Y por eso los partidos regionalistas, que concentran su voto en pocas provincias, suelen obtener una representación proporcional a sus votos o incluso mayor.
Tres mitos frecuentes
- «El voto en blanco va al partido más votado». Falso. El voto en blanco no se suma a nadie; solo cuenta para calcular el 3 %, así que sube un poco la barrera para los partidos pequeños.
- «El voto nulo cuenta como blanco». Falso. El voto nulo no entra en ningún cálculo de reparto.
- «El problema es D’Hondt». Solo en parte. Con la misma fórmula y una única circunscripción nacional, el reparto sería casi proporcional. La desproporción viene sobre todo de las provincias que eligen pocos diputados.
Antes de pensar en escaños, conviene saber dónde estás tú. Haz el test político y mira con qué partidos coincides en economía, valores, identidad y poder.
